Archive for the ‘Historia contada’ Category

Cataluña y los catalanes

octubre 28, 2010 in Historia contada,La voz del otro | Comments (0)

He recibido el texto de una encuesta hecha a los buenos catalanes(Cataluña). No tiene firma, y es probable que se trate sólo de una creación literaria, aunque también podría ser real. Lo cierto es que, a poco que se conozca a la gente, se acepta su verosimilitud. Por eso la pongo aquí.

A propósito, y abundando en la historia, Cataluña, en su origen, significa “tierra de castillos”, igual que Castilla.

En los siglos VIII al X, plenitud del feudalismo francés, al jefe de una fortaleza se le aplica el término latino “Castellanus” (que en latín, y singular significa responsable de una fortaleza; y en plural -castellani/orum- la guarnición de una fortaleza), en su traducción al francés de la época: “Chastelain”.

Al establecerse la Marca Hispánica (que, como se sabe, fue la ocupación peninsular de los reyes carolingios), el término “Chastelain” se emplea en el romance de la zona como “Castlan”, origen de la denominación actual “catalán”, y para designar a toda la Marca, es decir, a la zona donde había “castlanes”, se le anáde el sufijo territorial “ia”, con lo que resulta “Castlania”, después “Castlaunia” y, por último Cataluña. Es decir, “tierra de castellanos, o de castillos”.

-AELPON-Alfredo Vílchez

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Más a propósito de Antonio Barceló

in Historia contada | Comments (1)

Entre quienes entraron en el blog a propósito del artículo de Pérez Reverte sobre Antonio Barceló, alguien argumentó que no era para ensalzarlo tanto, porque había que pensar en los muertos que habría producido el ataque de Barceló contra Argel.

Esta manía de ver la historia desde el punto de vista actual, y no desde el de la época, se acentúa con el buenismo que recorre hoy la sociedad, en el que la violencia es mala en cualquier caso, sin tener en cuenta que puede ser respuesta necesaria a una violencia mucho mayor.

Y en el caso que nos ocupa, esa violencia mayor era ejercida por los buques piratas que infectaron el mediterráneo desde el siglo XVI al XVIII.

En la época de Barceló, los ataques piratas a las poblaciones costeras españolas eran constantes, y procedían casi siempre de Argel.

Sin duda a quienes piensan en las víctimas de Argel se les pasan por alto las de los habitantes de las poblaciones costeras españolas, que eran asaltados, muertos y llevados como esclavos. Esas torres que hoy vemos en muchas playas españolas eran para avisar en caso de avistamiento de buques piratas, excesivamente frecuentes.

Y para qué hablar de los peligros de los barcos en travesía, como el que consta que fue apresado por los piratas en 1748, con 200 pasajeros.

Es claro que los buenistas no querrían haber sido uno de ellos, que pasaron de ser viajeros a padecer la esclavitud. O no querrían estar en el lugar de los pescadores de una aldea que ven sus vidas y haciendas destruidas y sus hijos raptados por los corsarios. Hubo muchas más víctimas de los asaltos de los piratas que las que pudieran producirse por los sitios de Argel, que, por cierto, fueron tres, y no uno.

La mayoría de las acciones navales de Barceló tuvieron lugar frente a costas españolas. Citemos algunas:
- en 1749, frente a Benidorm y Altea, combate y derrota a cuatro naves piratas.
- en 1753 se enfrenta con tres naves piratas junto a la isla de Cabrera, y captura a una de ellas.
- en 1756, destruye dos naves argelinas frente a la desembocadura del Llobregat
- en 1761, con tan sólo tres naves propias, apresa a siete naves argelinas ante las costas de Valencia.
- en 1768, con su jabeque, rindió a tres naves turcas, en una de la cuales apresó Selim, por entonces famoso pirata del Mediterráneo. En el abordaje una bala le atravesó la mejilla.

¿Qué hacían en esos lugares los barcos citados en los ejemplos? No iban de crucero, precisamente.

En el artículo de Pérez Reverte, excesivamente resumido quizás, se pretendía ensalzar el valor y valía de Antonio Barceló, y el contraste de unas reacciones eficaces frente a la inutilidad de la política del pago de rescate que sólo es aliento para nuevos asaltos piratas.

Ambas cosas quedaban allí y quedan aquí bien patentes.

Después del segundo sitio de Argel, los piratas firmaron con España un tratado que luego se saltaron a la torera. Tras el tercer sitio de Argel, y ante las noticias de que Barceló, ya Teniente General, preparaba una cuarta, los argelinos firmaron el tratado de 1786, que significó la desaparición de la piratería en el mediterráneo por muchos años.

¿Algo que ver con lo actual?

Del valor de Antonio Barceló da buena idea el hecho de que siempre iba a la cabeza de sus hombres, lo que le supuso, entre otras heridas, quedar desfigurado por el balazo en la mejilla antes citado. Incluso siendo el almirante de la armada en el tercer sitio de Argel, se situaba en unas de las lanchas de primera línea. Tanto es así que aquella en la que iba fue hundida, aunque Barceló pudo salvarse y seguir dirigiendo la flota. Por cierto, que las lanchas cañoneras las inventó el mismo Barceló en el cerco a Gibraltar. Fueron el arma más eficaz de la operación, porque podían acercarse mucho, dado el escaso calado, y eran blancos muy difíciles por su gran movilidad y su pequeño volumen (incluso los ingleses lo reconocieron en el informe oficial del capitán Sayer, comandante de la roca).

Ese valor hizo que sus hombres se crecieran ante cualquier combate, con los óptimos resultados consecuentes, y generó coplillas como:

Si el rey de España tuviera
cuatro como Barceló,
Gibraltar sería de España,
que de los ingleses no

o frases hechas como la que durante mucho tiempo corrió por las zonas costeras: “tienes más valor que Barceló en la mar”.

Y a los buenistas, recordarles que es distinto ser pacifista que ser pacífico. El primero aguanta carros y carretas, y, por su falta de reacción, es el sujeto paciente necesario para los opresores violentos. El segundo busca la paz, pero no a cualquier precio, y con él no tienen nada que hacer los tiranos.

Ya lo decían en Roma, aunque en latín, claro: si vis pacem, para bellum (que en romance quiere decir, como todos saben: si quieres la paz, prepárate para la guerra… porque si no –añado yo- alguien te la impondrá)

¿Para cuando una película sobre Barceló?

-AELPON-Alfredo Vílchez

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Barceló, cazapiratas sin complejos…en el s.XVIII

in Historia contada,La voz del otro | Comments (1)

Cuando algo está bien dicho, no cabe añadir palabra alguna. Por eso pongo aquí un texto de Pérez Reverte sobre Antonio Barceló, marino español del XVIII, al que nunca le dieron la orden de disparar delante de los barcos piratas de la época, para no molestarlos. Y no fue el único. En el Mediterráneo y en al Atlántico hubo españoles que trajeron fritos a piratas y corsarios (no es lo mismo, y ya hablaremos de ello), e incluso fueron una pesadilla para la armada real británica. Por ahora, contentémonos con Barceló, y con lo que cuenta sobre él Arturo Pérez Reverte.

Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte
(Barceló)
Me dicen los amigos: hay que ver, Reverte, con esto del paisaje que tenemos y la que está cayendo, salimos a cabreo semanal con blasfemias en arameo, y hace tiempo que no cuentas ninguna de esas peripecias de la historia de España que dejabas caer por esta página, de marinos, conquistadores, aventureros y gente así, políticamente incorrecta, que a veces consuelan y hacen descansar de tanta basura parlamentaria y municipal, y tanta cagada de rata en el arroz. Y como los amigos siempre tienen razón, o casi, y es verdad que hace tiempo no toco esa tecla, hoy vamos a ello. De todas formas, para no perder el pulso de la actualidad actual, quisiera recordar a un personaje que practicó la alianza de civilizaciones a su manera. Ya me dirán ustedes si viene a cuento, o no.

Se llamaba Antonio Barceló, Toni para los amigos. Como de costumbre, si hubiera sido francés, inglés o de cualquier otra parte, habría películas y novelazas con su biografía. Pero tuvo el infortunio de ser mallorquín, o sea, español. Con perdón. Que es una desgracia histórica como otra cualquiera. El caso es que ese fulano es uno de mis marinos tragafuegos favoritos. Tengo su retrato enmarcado en mi casa, junto al de su colega de oficio Jorge Juan, y en el Museo Naval de Madrid hay un cuadro ante el que siempre me quito un sombrero imaginario: D. Antonio Barceló con su jabeque correo rinde a dos galeotas argelinas. Hijo de un marino comerciante y corsario, embarcó siendo niño en los barcos de su padre. La primera fama la consiguió con sólo 19 años, en 1736, cuando ya navegaba como patrón del jabeque correo de Palma a Barcelona, y empezó a darse candela con los piratas norteafricanos que infestaban el Mediterráneo occidental. En aquellos tiempos, como no había telediarios donde hacer demagogia, a los piratas se les aplicaba directamente el artículo 14. Y Toni Barceló, que conocía el percal y no estaba para maneras de oenegé, lo aplicaba como nadie. El ministro Moratinos y la ministra Chacón habrían hecho pocas ruedas de prensa con él. Prueba de ello es que, pese a ser marino mercante y no de la Real Armada –allí sólo podían ser oficiales y jefes los chicos de buena familia–, fue ascendiendo en ésta, con los años, de alférez de fragata a teniente general, a lo largo de una vida marinera bronca, azarosa y acuchilladora. Dicho de otra forma, a puros huevos.

Lástima, insisto, de película que, como tantas otras, en este país de cantamañanas nunca hicimos. Ni haremos. Barceló libró combates y abordajes de punta a punta del Mediterráneo. Combatió a los piratas y corsarios, e hizo él mismo la guerra de corso con resultados espectaculares. Sin complejos. Su ascenso a teniente de navío lo consiguió por la captura al arma blanca de un jabeque argelino, que le costó dos heridas. Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos. Y menos de diez años después, sus jabeques, navegando pegados a tierra y jugándosela en las playas, impidieron que la expedición española contra Argel terminara en un desastre. Eran tiempos poco favorables a la lírica, y lo de las fuerzas armadas españolas humanitarias marca Acme se la traía a Barceló, como a todos, bastante floja. Argelia era la Somalia de entonces, más o menos, y a los atuneros de entonces los protegió a su manera: en 1783 fue con una escuadra a Argel, disparó 7.000 cañonazos contra la ciudad e incendió 400 casas. Sin despeinarse.

También he dicho que era español, y eso tiene su pago de peaje. La envidia y la mala fe lo acompañaron toda su vida. Sus colegas de la Real Armada no podían verlo ni en pintura, y andaban locos por que se la pegara. No tuvo, como es natural, amigos entre sus pares. Ayudaba a eso su persona y carácter, poco inclinado a tocar cascabeles. Era hombre rudo y de escasa educación –sólo sabía escribir su nombre–, brusco de modales, sordo como una tapia por el ruido de los cañones. Tampoco era guapo, pues la cicatriz de un sablazo le cruzaba el careto de lado a lado. Gajes del oficio. Pero sus tripulaciones lo adoraban, peleaban por él como fieras y lo acompañaban, literalmente, a la misma boca del infierno. Ganó honores y botines, rindió a enemigos, asombró al mismo rey, y mandó barcos y escuadras hasta los 75 años. Se retiró al fin a Mallorca, donde murió entre el respeto de todos. Fue uno de los poquísimos casos en que España no se comportó como ingrata madrastra, y agradeció los servicios prestados. Su fama fue tanta que en sus tiempos corrió en coplas una décima famosa, a él dedicada, que concluía: «Va como debe ir vestido / fía poco en el hablar / mas si llega a pelear / siempre será lo que ha sido».

Imaginen lo que se habría reído viendo lo de Somalia en el telediario, y a los piratas en la Audiencia Nacional.

-AELPON-Alfredo Vílchez

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La cuestión de Gibraltar

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En estos días se ha producido una visita a nivel de Estado del ministro Moratinos a Gibraltar. La primera de ese nivel desde que Inglaterra se apoderó de la roca traicionando a sus propios aliados.

Hoy día a muchos buenistas tal cosa le parece asunto menor, pero esa opinión suele partir, la mayoría de las veces, de la falta de conocimiento sobre qué ocurrió para que Gibraltar fuese inglés. A continuación pongo algunos datos para ilustración de bienintencionados (los malintencionados son capaces de negar incluso que hace calor a Madrid estos días de julio, y quedarse tan anchos, por lo que no les recomiendo el esfuerzo de leer estas líneas).

La ocasión del cerco y pérdida de Gibraltar tuvo lugar durante la Guerra de Sucesión al trono de España, que fue provocada por la muerte sin descendencia de Carlos II, el Hechizado, último rey de la Casa de Austria. Había dos pretendientes: Por un lado, el segundo hijo de Luis XIV de Francia, Felipe de Anjou, a quien le venían los derechos de su abuela María Teresa, hermana de Carlos II, y que, por tanto, era biznieto de Felipe IV de España. Y por otro lado, el archiduque Carlos de Austria, con derecho por su abuela María y su bisabuelo Felipe III de España.

Previo a la muerte de Carlos II, su mala salud y su no descendencia había hecho que las potencias europeas ya pensaran en el desmembramiento del imperio español, y en ese sentido Luis XIV había suscrito pactos de reparto. Pero cuando el testamento de Carlos II dejó ver que el rey español se decantaba por el pretendiente francés como su sucesor, pensando que era el mejor para mantener unidos los territorios españoles, Luis XIV olvidó tales pactos previos y aceptó integro el reino de España, lo que motivó el rechazo de Austria, Holanda e Inglaterra, sobre todo el de esta última, que veía peligrar sus planes imperiales sobre el mundo conocido por el poder que Francia y España unida conseguirían con un borbón en la corona española.

Pese a ello, Inglaterra y Holanda aceptaron la nueva dinastía española, pero no así el emperador Leopoldo I de Austria, que quiso hacer valer por las armas los pretendidos derechos de su hijo Carlos.

Comenzó así la Guerra de Sucesión española (1701-1714), y, una vez rotas las hostilidades, con Austria se alinearon Holanda, e Inglaterra, a causa de la declaración de Luis XIV de que Felipe de Anjou, pese a ser rey de España, conservaba sus derechos a la corona francesa. Más tarde se unirían Portugal e incluso el duque de Saboya, pese a ser suegro de Felipe de Anjou.

En resumen: unos extranjeros se pegaban con otros extranjeros por quedarse con la corona de España, sin contar para nada con la misma España, aunque dentro de ella los dos bandos tenían partidarios. Por Carlos de Austria estaban Aragón, Cataluña y Valencia; por Felipe de Anjou (luego Felipe V), el resto.

Austria carecía de marina, por lo que Holanda e Inglaterra proporcionaba los buques. Pero Inglaterra seguía siendo una aliada de Austria. Es decir, apoyaba con su ejército a que un pretendiente austríaco obtuviera integro el reino de España. En realidad el propósito inglés era conseguir los suficientes puertos y territorios para garantizar su extensión por el Mediterráneo y el Atlántico. Ya antes había conseguido de Francia la cesión de Menorca, y durante la guerra el almirante Lake ocupa Alicante, Mallorca e Ibiza.

En ese contexto es donde se produce, el 5 de agosto de 1704, la pérdida de Gibraltar.

El 1 de agosto se presenta ante la roca una potente escuadra del ejército del austríaco príncipe de Darmstadt, mandada por el almirante ingles Rooke. La fortaleza dependía del mando español del Marqués de Villadarias, capitán general de Andalucía, y la guarnición constaba sólo de 80 hombres y sus familias, aunque ante la llegada de la escuadra, el vecindario de la zona acudió a la defensa, lográndose reunir hasta 470 hombres. El armamento lo constituían 120 cañones, muchos de ellos inservibles, lo que el comandante de la guarnición, sargento mayor Diego de Salinas, había comunicado reiteradamente a Villadarias sin respuesta por parte de éste.

El día 2 se produce un desembarco de los aliados. Dos mil hombres cortan toda comunicación por mar y por tierra. Se induce a la rendición varias veces a los sitiados, siempre con resultado negativo por parte de estos, y el 3 de agosto, a las cinco de la mañana, comienza un bombardeo en el que 900 cañones machacaron la fortaleza durante seis horas. El día 4 se negocia la capitulación, por la que los aliados se comprometían a respetar con honor a los supervivientes, sus casas y sus propiedades.

El día 5 es tomada la plaza en nombre de Carlos III, futuro rey de España.

Sin embargo, después de partir la escuadra, los ingleses arrían al bandera austríaca, por la que habían luchado, e izan la inglesa, tomando posesión de la ciudad y roca en nombre de la reina Ana de Inglaterra. Es decir, robando al pretendiente una parte del territorio que pretendía, para quedárselo ellos.

Algo así como si Juan y Pedro entablan juicio por la posesión de un piso de su abuelo. El vecino de Juan ayuda a éste, y, antes de que se dicte sentencia, tira el tabique que hay entre su piso y el piso en litigio y se queda con una habitación que le conviene. En caso de que ganara Juan, su piso tendría una habitación menos. Pero, además, el juez sentencia a favor de Pedro, y, aunque éste intenta por todos los medios hacer ver el expolio del vecino, nunca lo consigue.

Tras la toma de posesión vino la destrucción por los anglicanos ingleses de los templos españoles, la violación de las mujeres y la violencia contra los supervivientes, en contra de lo pactado para la rendición, ocasionando la huida de la población a la ermita de San Roque, alrededor de la cual fundan la ciudad de este nombre.

Durante trescientos años, todos los gobiernos españoles, de cualquier color, han considerado innegociable la soberanía del peón, y han hecho todo lo posible por recuperarlo, aunque, como vemos, sin conseguirlo. Todos los gobiernos, digo, menos el actual, hasta la reciente visita del ministro Moratinos al peñón, la primera a nivel de gobierno desde la ocupación. (Para continuar con la historia, ver 19-1-sobre Gibraltar)

Cuando se plantea esta cuestión, muchos acomodaticios -o simplemente ignorantes- la zanjan diciendo que si España cede Ceuta a Marruecos, podrá reclamar con razón Gibraltar a Inglaterra. Con razón y con derecho internacional se ha estado reclamando durante trescientos años, sin que aún se haya conseguido. Pero es que, además, son dos cosas totalmente distintas.

Mientras el expolio de Gibraltar fue hecho por una nación que apoyaba a otra en sus pretensiones al trono español, pero que no dudó en quedarse con un trozo, traicionando a su patrocinado y contra todo derecho, Ceuta perteneció primero a Portugal y luego a España antes de que existiera el reino alauita que, con base en Fez, se extiende hacia el norte conquistando ciudades a los mismos musulmanes e intentando conquistar la Ceuta que ya era española antes, como digo, de la expansión del reciente y vecino sureño alauita. (para ampliar sobre el tema, ver 19-2-Sobre Ceuta)

Dos cosas, repito, totalmente distintas, que sólo pueden unirse desde la ignorancia o desde la falacia. -AELPON- Alfredo Vílchez

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